hace frío, un frío indescriptible, y su chamarra, suave entre tu espalda y el pasto helado, te queda tan grande que abierta no cubre el comienzo de tus brazos. hace frío y es de noche y estás semidesnuda, afuera en el pasto, con él encima. hace frío y se te cuela el rocío congelado por el pelo. hace frío y tus senos están endureciendo sus curvas de piedra de río, pero tu pecho tiembla y tus dientes tiritan. hace frío y el viento sobre el rastro de su boca te va a matar, te va a quemar como hielo por el pecho. hace frío y ves a Orión por encima de su hombro. no le puedes ver la cara.
diciembre 21, 2005
julio 27, 2005
simbiosis
you get off on the performance.
no sé lo que haces cuando no estás aquí. pero sé que cuando estás, lo que quieres es verme. porque sabes, como yo, que en el fondo todos los sentidos son piel. tú te sientas en tu esquina y me miras mientras bebo, mientras bailo. siento el tacto de tus ojos, desde detrás de mí en algún rincón oscuro, en mis caderas y en mi espalda, en la columna de mi cuello mientras persigo tu mirada por el rabillo del mi ojo. tomas un trago y volteas a otro lado, como si pensaras que no sé lo que estabas haciendo.
pero sabes que casi puedo adivinar lo que estás pensando. mientras enredo mis manos en mi cabello y lo quito de mis hombros, de mi cuello, estás pensando que mi cuerpo ya no es mío, que la música controla mis brazos, mis caderas, hasta mi respiración. que no quieres más que verme perder el control.
no sé lo que querrías hacerme si tuvieras el valor para acercarte. o las ganas. ¿besarme, abrazarme, bailar conmigo? ¿escurrir tus manos en las bolsas de mis pantalones, debajo de mi blusa? ¿acariciar mi muslo, besar mis pies, mi espalda? no importa. nunca tendrás el valor. o las ganas.
en otros momentos, me he preguntado exactamente qué es lo que te hace mirarme, o si miras sólo parte de mí, o a mí como parte de algo más. pero ahora en realidad no me preocupa. me miras y eso es todo.
yo me muevo, tú no. tú te escondes, yo no. no sé lo que hagas cuando no estás aquí. no sé lo que querrías hacerme. no sé si te gusto. y realmente no me importa. ya tengo lo que necesito de ti.
mayo 26, 2005
quemaduras
entramos al cuarto sudados y exhaustos, con el sol todavía rodando por la piel y aferrado al cabello, insolados hasta el delirio, borrachos de sol. ella comenzó a despegarse la ropa del cuerpo y yo me tendí en el suelo de barro bajo el ventilador.
no podía respirar, pero tampoco desacelerar mis pulmones.
ella se sentó a mi lado, desnuda, de espaldas a la ventana. estaba abierta para dejar entrar la brisa marina, pero lo único que entraba el sol: derramándose por entre las persianas, dejando rayitas de sombra por la curva brillosa de su espalda.
estaba como colapsada sobre sí; los labios entreabiertos, la respiración rápida y sincopada. sin pensarlo mucho, puse mi mano en su muslo oscuro. lo recorrí de rodilla a cadera, palpando su forma dura bajo la fina capa de sudor. ella exclamó como si le ardiera. quité mi mano.
comenzó a respiar por la garganta, profundo y audible. tomo mi mano y la volvió a colocar en su cuerpo, en ese punto entre abdomen, cadera y sexo. su respiración se calmó (pude verlo, su pecho apenas se movía). se quedó inmóvil en la columna de viento caliente unos momentos antes de levantarse.
desde el otro lado de la puerta, oí la regadera.
la seguí.
había abierto la llave de agua fría, pero el agua llegaba tibia de las tuberías expuestas al sol. sentía las pequeñas columnas recorrerme de la nuca al muslo, y las veía recorrerle la cara, el cuello y el pecho, acumularse entre nuestras caderas.
eventualmente, el agua comenzó a salir fría. ella desenredó sus piernas de alrededor mío y fue al cuarto a que la secara el ventilador.
yo cerré la llave. al salir me encontré con la puerta cerrada y su espejo de cuerpo completo. el rojo de las quemaduras de sol comenzaba a aparecer.